viernes, 8 de noviembre de 2013

Por pensar en otro...

Aquí les dejo un relato escrito por una amiga, Sali (nombre cambiado, al igual que todos en la historia). Llegó a mi correo hace un tiempo, y este es el momento apropiado para compartirlo.

Saludos de nuevo, Miss A. En esta ocasión quiero contarte algo muy personal que me ocurrió hace un par de días. Como bien sabes, estos últimos años con mi pareja no han sido fáciles. La verdad, ya no creo poder seguir con él. Pero tu sabes las razones por las que me detengo y pienso las cosas con calma. Sin embargo, no pude evitar cometer un desliz mental. Sí, te contaré para que puedas entender. Hace unos meses comencé a interactuar más con uno de mis compañeros de trabajo. La verdad él nunca me había parecido increíblemente atractivo, ya sabes, no es uno de esos que tienen ojos grises y cabello rubio, ni mucho menos un "sixpack" en el abdomen. No es feo, tiene su toque misterioso y "normal". Así que nunca me dio curiosidad por verle a la cara y mirarle los ojos. Además, sabes que nunca mezclo lo personal con lo laboral. Pero un día, había llegado al trabajo hecha una hostia. Tomás (su pareja) estuvo toda la mañana discutiendo y parloteando por una supuesta carta que yo tiré a la basura. Le expliqué muchas veces que no, pero ya sabes como es él. En fin, llegué llena de frustración al trabajo. En un momento dado, tropecé con Diego (su compañero), y como él es mucho más alto que yo y pesado, caí al piso redondita. Él me ayudó de inmediato, pidiendo mil disculpas. Pero en realidad fui yo la despistada. Me invitó una soda allí mismo, y con dudas acepté. Para cuando abrí los ojos, habían pasado 5 semanas, donde cada vez al almuerzo, nos sentábamos a comer y muchas veces con otros compañeros. A todas estas, yo nunca le hablé de mis problemas con Tomás. Pero creo que Diego lo notaba. Cada vez que podía me daba consejos, o me alentaba a salir con las chicas, y en pequeñas veces me decía que contara con él si necesitaba ayuda. Por primera vez, luego de tanto tiempo, me di la "oportunidad" de mirar bien a Diego. Me sentí mal luego de hacerlo, porque yo tengo pareja. Pero... me permití hacer algo diferente por primera vez, algo que me puso el corazón a cien. Los días pasaron y la relación entre Diego y yo se mantuvo en estricta amistad. Mientras que entre mi pareja y yo las cosas seguían empeorando. Una noche, justo cuando acababa de salir de la ducha, Tomás me tomó por sorpresa frente a nuestra habitación. No supe que hacer, porque siendo honesta, sólo mantenemos relaciones sexuales una vez a la semana, y a veces pasan dos. Hemos llegado a ese punto, donde él me busca para su placer, y yo... a mi ya no me hace falta. Porque estaba tan harta de repetírselo de todas las formas habidas y por haber, que ya dejé ese tema en el traste!! Pero bueno, como decía, Tomás me tomó por sorpresa. Y de repente, me besó. Primero suavecito, y luego sentí como su lengua arrasaba la mía. Me vi presa por la pasión que él demostraba. Y sin aviso me quitó la toalla para dejarme desnuda frente a él. Entonces pasó. Le mentí a la mente, le mentí a mis ojos, a mis oídos, a todo! Me imaginé que era Diego quién me tocaba y me besaba. Y no sabes como me puse. De pronto parecía una fiera. Hasta me avergüenzo de decirlo así, pero es la verdad. Lo agarré del cuello y lo tiré a la cama. Comencé a quitarle su ropa como una salvaje, pero no era a el quien en realidad deseaba hacer aquello. Terminamos desnudos, yo encima de mi pareja, y sin miramientos cabalgue sobre su polla como si se me fuera la vida en ello. Lo miraba, pero veía los ojos de Diego, su cuerpo imaginario, escuchaba su profunda voz pronunciar mi nombre. Movía mi cuerpo desquiciada de arriba para abajo y de al frente hacia atrás. Y luego de una sesión de treinta minutos tuve uno de los mejores orgasmos de mi vida. Me corrí gritando, a toda voz, y si no llego a morder mis labios a tiempo, gritaba el nombre de mi amante imaginario. Creo que a Tomas le estuvo bien extraño mi comportamiento, pero, el simplemente no dijo nada mas que un "oh Dios, mujer, que maravilla". Me siento culpable, por pensar en el cuerpo de otro, por sentir ese deseo prohibido. Y ahora vivo cada día con la piel en llamas, en especial cada vez que veo a Diego en el trabajo. Aun no he terminado con mi pareja, aun no he cruzado mas allá de la amistad que tengo con Diego. Y... no se que hacer. Me ayudas?

Yo le respondí el mensaje hace un tiempito atrás  pero no pondré la respuesta aquí  Quiero esperar unos días para contarle como le ha ido a mi amiga Sali. Si desean dejar algún comentario siéntase libre de  hacerlo.
Un beso húmedo.
Miss A.

2 comentarios:

  1. Pues la verdad, como relato está de escándalo... (quiero decir que está de fábula), ahora que si es (como creo entender, una consulta), creo que lo tienes muy complicado, Sali, no me gustaría estar en tu lugar, la verdad, primero porque no debe de ser "plato de buen gusto" el tener que compartir lecho con "un bulto", alguien a quien no quieres y que pudiera darse el caso que cogieras asco. Aunque por lo que pude observar, mucho asco no te debe dar cuando hiciste el amor con él de esa manera tan apasionada, sí, ya sé que pensabas en Diego, pero, yo me lo pensaría... puede ser que te estés engañando con el tal Diego y sin embargo a quien ames sea a tu marido. Perdona por meterme, sé que no debiera, ya que la consulta fue para Miss A, pero, así me salió y así te lo digo. Un afectuoso saludo para ti y un besote para Miss A que es un cielo.

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    1. Muchas gracias por tus honestas palabras. Tu tienes toda la razón. Un beso.

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